LOS CLIENTES EN LA HISTORIA DE UN BANCO PÚBLICO
Los primeros pasos
Fue en 1856 cuando se aprobaron los dos primeros préstamos. Era 16 de enero y José Ignacio Izquierdo pidió 40.000 pesos, dando de garantía e hipoteca su hacienda Los Nilches, en Curicó, mientras que José Miguel Salinas pidió 6.000 pesos con la garantía de su chacra en San Felipe. Así comenzó la historia de un banco que colabora con el emprendimiento y las necesidades de sus clientes.
Entonces –albores de BancoEstado– tenía un año operando la Caja de Crédito Hipotecario, con la tutela del Estado y gracias a las gestiones del Presidente Manuel Montt y su ministro del Interior, Antonio Varas.
La Caja ofrecía créditos y recibía depósitos de las personas naturales y los sectores productivos, en un período en que Chile carecía de bancos. Fue el primer hito de bancarización de la institución.
En 1877, el Consejo de la Caja de Crédito Hipotecario dio origen a la Caja de Ahorros de Santiago para fomentar el ahorro de los trabajadores. Fundada el 6 de septiembre de 1884 por Luis Barros Borgoño, abrió sus puertas con dos funcionarios. Un pequeño cliente, de seis años de edad, fue el titular de la primera cuenta: depositó 100 pesos. Un año después, la Caja de Ahorros de Santiago manejaba 45.000 cuentas.
Para 1905 existían cajas de ahorro en doce ciudades del país. En 1910 todas se fusionaron en la Caja Nacional de Ahorros. Santiago, mientras tanto, siguió con su propia Caja, que puso énfasis en las viviendas para trabajadores e impulsó la construcción de poblaciones urbanas. Los clientes pagaban 25% de pie y el resto en anualidades.
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